Normandía: tierra de batallas, paisajes naturales y paseos por la Edad Media

Como base para explorar Normandía, reservamos un apartamento en Courseulles-Sur-Mer, una pequeña y tranquila localidad que tuvo un papel crucial en el desembarco del 6 de junio de 1944, cuando los soldados aliados canadienses llegaron a Juno Beach.

Courseulles es un lugar perfecto para los aficionados a la vela. Durante nuestra estancia, tuvimos la oportunidad de practicar «skimboard» con el «Mauna Kea Skim Club«, pero la localidad ofrece muchas más actividades en verano: mercadillos al aire libre con una amplia variedad de productos frescos locales y artesanales, paseos en kayak por el río Seulles, conciertos, exposiciones… El mercado de pescado es también una institución local, ofreciendo diariamente una gran variedad de pescado y marisco fresco recién llegado del Canal de la Mancha. Los precios son muy atractivos, como un kilo de zamburiñas por solo 5€. También destacan los mejillones bouchot, pequeños y sabrosos, y, por supuesto, las ostras normandas.

Mercado pescado y marisco
Skimboard

Para mantener viva la memoria de la historia reciente, vale la pena visitar el «Juno Beach Centre«, un museo dedicado a los soldados canadienses. Aún es posible explorar búnkeres en la playa. Además, para profundizar en los eventos del Día D, nos unimos a una experiencia inmersiva en el corazón de la historia, donde los más pequeños pueden aprender participando como actores.

Mis imprescindibles

Día D para niños: https://es.normandie-tourisme.fr/el-dia-d-contado-a-los-ninos/

Productos locales: Aux Vins du Large y La Fromagerie d’Estelle

Panaderías: Maison Cleret y Boulangerie du Port

Alquiler apartamentos: https://opieconciergeries.com

EL DESEMBARCO Y SUS PLAYAS

En la madrugada del 6 de junio de 1944, las fuerzas aliadas llevaron a cabo la mayor operación anfibia de la historia, con el objetivo de liberar Francia y Europa Occidental de la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial. La Operación «Overlord» comenzó con el desembarco de más de 6.000 embarcaciones en las playas de Normandía.

Además de Juno Beach, aprovechamos para recorrer algunas de estas playas, que vivieron en primera persona una historia muy dura, pero también valiente.

Comenzamos visitando Sainte-Mère-Église, un pequeño pueblo que fue testigo de la llegada de los paracaidistas americanos la madrugada del 6 de Junio, cuando el soldado John M. Steele aterrizó sobre el campanario de la iglesia. Las vidrieras de la iglesia son un homenaje a estos paracaidistas.

Sainte-Mère-Église

A pocos kilómetros llegamos a Pointe-du-Hoc, una cima en lo alto de un acantilado con impresionantes vistas del Canal de la Mancha. Este lugar histórico fue escenario de una misión de los Rangers, quienes tuvieron que escalar ambos lados del acantilado para tomar la batería nazi. Durante dos días se libró una feroz batalla, y aún hoy se puede pasear entre búnkeres, cráteres de bombardeos, trincheras y alambres de espino que protegían del ataque.

Muy cerca, Omaha Beach se extiende a lo largo de 8 km, y junto con Utah Beach, fueron las playas asignadas para el desembarco de las tropas estadounidenses. En la arena se erige una escultura en homenaje a estos hombres, “Les Braves”, que simboliza las alas de la libertad. También se puede visitar el cementerio militar estadounidense, un lugar solemne donde descansan los caídos de la Segunda Guerra Mundial.

Siguiendo nuestra ruta costera, llegamos a Arromanches-Les-Bains, una villa que desde finales del siglo XIX se hizo famosa como destino de veraneo y que adquirió gran relevancia al construirse en sus aguas el puerto artificial “Mulberry” para abastecer a las fuerzas aliadas. Cada día llegaban al puerto toneladas de material, y hoy en día aún se pueden ver sus restos desde la costa, especialmente con la marea baja. Es inevitable imaginar cómo sería en esos días y resulta impactante pensar en la magnitud de esta impresionante obra de ingeniería.

En una colina con vistas a Gold Beach, se inauguró en 2021 el “British Normandy Memorial” en honor al ejército británico. Un total de 1.475 siluetas gigantes están distribuidas por todo este espacio verde, representando a cada uno de los soldados caídos en el primer día del desembarco. Me conmovió ver este lugar y leer las emotivas palabras en las placas que rodean estas figuras, dedicadas a hijos, padres, amigos… Este Memorial no deja a nadie indiferente.

Antes de viajar a Normandía, comencé a leer el libro «El día más largo» de Cornelius Ryan. Una obra magistral que relata los eventos que rodearon el 6 de junio de 1944, basada en entrevistas con numerosos protagonistas que participaron en la batalla. Una lectura amena que atrapa desde el inicio, con el comienzo de la «Operación Overlord», y llena de historias curiosas y desconocidas para mí, que te mantienen en vilo hasta el final.

CIUDADES CON HISTORIA

Caen

Caen lo dejamos para el último día del viaje. Está a solo 20 minutos en coche, así que llegamos justo a la hora de comer. Aunque la cercanía puede hacer pensar que basta con una visita rápida, Caen merece mucho más: recomiendo dedicarle al menos un día completo para disfrutarla como se debe.

Aparcamos en la Plaza de la República, un punto céntrico y cómodo para comenzar el recorrido. Para comer, elegimos «Boeuf & Cow«, un restaurantes especializado en carnes, con productos de calidad y platos cuidadosamente elaborados y presentados. Una opción ideal para empezar la visita con buen sabor de boca.

Comenzamos por la «Abbayé aux Dames«, una iglesia románica fundada por la Reina Matilda, esposa de Guillermo el Conquistador. La entrada es gratuita. Destacan los tapices del año 2000, inspirados en los bordados de Bayeux y que evocan las oraciones benedictinas. En el centro del coro se encuentra una lápida negra que guarda los restos de la reina. Detrás del altar, se puede apreciar el fresco de la Asunción, obra del pintor local Eustache Restout.

Recorremos Le Quartier de Vagueux, un encantador barrio con típicos edificios medievales de entramado de madera.

Llegamos al Castillo de Caen, una de las mayores fortalezas medievales de Europa, que ahora es un espacio abierto ideal para pasear y relajarse, además de albergar museos y exposiciones. Las vistas de la ciudad desde sus murallas son impresionantes.

Es momento de descubrir el centro, comenzando por la Rue Saint Pierre, una calle comercial llena de vida, con tiendas de productos locales y terrazas que invitan a sentarse y disfrutar de algo para tomar. En los números 52 y 54 se encuentran dos edificios del siglo XV, muy representativos de la historia normanda.

La Rue Froide es una de las calles más antiguas de Caen, un punto clave para las imprentas en el siglo XV y un auténtico viaje al pasado. En la intersección con la Rue des Croisiers, no puede faltar una visita a la librería “Mémoranda”, un rincón mágico donde «huele» a libros y parece que el tiempo se ha detenido.

Caen es una ciudad repleta de librerías que invitan a explorar y perderse entre sus estantes. Destaca “La Nouvelle Librairie Guillaume”, ubicada en el 98 de la Rue Saint Pierre, que también acoge la Librairie Generale du Calvados, un lugar ideal para encontrar abundante información sobre este departamento de Normandía.

Al final de la Rue Froide, encontramos la Rue Saint Sauveur, que nos conduce a la Plaza del mismo nombre, un rincón que logró escapar de los bombardeos de 1944 que devastaron gran parte de la ciudad. Allí nos da la bienvenida una estatua de Luis XIV vestido como un emperador romano. Justo al lado, se encuentra el antiguo Palacio de Justicia.

Desde allí nos dirigimos a la «Abbayé Aux Hommes«, una iglesia benedictina mandada construir por Guillermo el Conquistador en el siglo XI. A lo largo de los años, la abadía ha desempeñado diversos roles: hospital durante la Segunda Guerra Mundial, escuela secundaria y, actualmente, sede del Ayuntamiento. Destacan especialmente los cuidados jardines de la Abadía, que durante nuestra visita albergaban parte de la obra del escultor francés Michel Bassompierre, con esculturas de osos y gorilas en mármol y bronce, embelleciendo aún más la fachada de la abadía. Justo enfrente, Saint-Étienne-Le-Vieux, parcialmente en ruinas, se alza en el corazón del casco antiguo.

Regresamos por la Rue Écuyère, donde se mezclan las tiendas de antiguedades con infinidad de bares, en los que al caer la tarde ya no cabe un alfiler.

Nos quedamos sin tiempo para visitar el Memorial de Caen, un museo que abarca desde la Segunda Guerra Mundial hasta la Guerra Fría, así que lo dejamos para la próxima ocasión.

Mis imprescindibles

Restaurante: https://boeufandcow.com/

Librerías: https://www.librairie-guillaume.fr/ y https://memoranda.fr/?utm_source=gmb

Bayeux

Fronteriza con las playas del desembarco, esta ciudad medieval fue la primera en ser liberada por las fuerzas aliadas.

Nuestra primera vista de Bayeux es desde el puente de la Place aux Pommes, con la catedral destacándose al fondo. Paseamos junto al río Aure hasta llegar a la animada y comercial Rue Saint-Jean, que recorremos de principio a fin.

Mientras recorríamos las encantadoras calles de esta pintoresca localidad, nos topamos con Notre-Dame, una catedral de estilo románico-normando erigida sobre antiguos templos romanos. Esta iglesia fue hogar del célebre tapiz de Bayeux, que relata la conquista de Inglaterra por Guillermo el Conquistador. La majestuosidad del edificio y sus numerosas vidrieras hacen que sea imprescindible explorar todo su perímetro.

Notre-Dame de Bayeux

Su centro histórico es de un gran valor patrimonial y pasear por sus calles empedradas, admirando sus casas de entramado de madera, tiendas de artesanía y pequeños restaurantes, te atrapan y te transportan al S.XV, donde nobles, clérigos y artesanos se mezclaban en las bulliciosas plazas medievales.

Cenamos en la terraza de «Le Garde Manger», disfrutando de unos deliciosos moules (mejillones) marinières. Un ambiente agradable acompañado de un buen servicio.

No pudimos dejar Bayeux sin visitar el Monumento a los Reporteros de Guerra, un homenaje a los corresponsales que han cubierto conflictos armados en todo el mundo y que han perdido la vida en acto de servicio desde 1944. Mi recuerdo fue para Ricardo Ortega, corresponsal de Antena 3 en Estados Unidos, quien junto a Matías Prats cubrió en directo el ataque a las Torres Gemelas en Nueva York y falleció tres años después en Haití.

Deauville

Pasamos de la historia más negra a la historia del cine. Deaville es una localidad costera con mucho glamour, desde su centro urbano hasta su kilométrica y bonita playa, con cientos de sombrillas de colores, ideal para deportes de vela y para caminar por su arena fina, sin olvidar las cálidas puesta de sol.

Conocida también por sus carreras de caballos y el Festival del cine estadounidense, Deaville es un sitio de veraneo de alto standing, con bellas mansiones de estilo normando.

Habíamos oído hablar de “Les Planches”, una pasarela de madera a lo largo del paseo marítimo, con sus casetas de playa azules y blancas y cada una de ellas dedicada a un actor de cine, como un paseo de la fama, pero “Belle Epoque style”. Y a buscar con quién hacernos la foto… Yo me quedé con Antonio Banderas, barriendo para casa.

Después de dar un paseo por el centro, buscamos un restaurante para cenar, tarea complicada porque estaba todo lleno y además los horarios de cierre temprano, no acompañan. Finalmente optamos por una Crêperie y en “Nicci” nos prepararon una mesa en la terraza con vistas al puerto deportivo. Carta variada con ensaladas, galettes y, como no, mejillones.

AVENTURA Y NATURALEZA

En un entorno que ofrece tanta diversidad, no podían faltar días para actividades, sumergidos en la naturaleza.

Suisse Normande en bici

Aunque el pico más alto de esta boscosa zona no llega a los 400m de altitud, su paisaje natural, valles, montañas escarpadas y el paso del río Orne, traen a la memoria los Alpes suizos.

Llegamos una mañana a la Suisse Normande con la intención de hacer una excursión en bici y, en la oficina de turismo de Thury-Harcourt, nos recomendaron acercarnos a “Thury Plein Air”, un centro de actividades al aire libre, especializado en alquiler de bicis y actividades acuáticas: https://www.thury-plein-air.fr/

Desde el primer momento, nos ofrecieron un servicio excelente. Las bicis en muy buen estado y nos enseñaron diferentes recorridos para pasar el día pedaleando y disfrutando de este paisaje tan atractivo.

Iniciamos nuestra ruta recorriendo 7km por la antigua vía del ferrocarril, adentrándonos en una zona boscosa hacia “Grimbosq”, puerta de entrada a la Suisse Normande. Después de una pausa para recuperar fuerzas, volvimos a Thury-Harcourt para tomar la vía verde en dirección a Clécy, recorriendo unos 13km por un camino llano junto al río Orne. Un itinerario sencillo y apto para todas las edades, con vistas espectaculares del valle. Llegamos a Clécy, una pintoresca población con calles empedradas, pendientes pronunciadas y una pequeña plaza con panadería (donde compramos algo para comer), supermercado, bar y oficina de turismo. Aunque esperaba algo más de este lugar, nos encantó el espacio verde junto al río, con sus terrazas, coloridas embarcaciones, familias disfrutando de picnics y el impresionante “viaducto de Lande”, por donde antiguamente pasaba la linea ferroviaria que conectaba Caen con Flers. Con algo de esfuerzo, alcanzamos la cima para disfrutar de las excepcionales vistas desde sus 30 metros de altura.

Mientras regresábamos para devolver las bicicletas, decidimos que queríamos seguir explorando esta zona en el corazón de Normandía y, en ese momento, reservamos kayaks para unos días después.

Suisse Normande en kayak

Regresamos a Thury Plein Air, pero esta vez cambiamos los pedales por remos. La furgoneta con la equipación nos dejó a unos 500 metros del “Barrage (presa) du Pont de la Mousse”, desde donde comenzamos un tranquilo descenso de 7 kilómetros en kayak por el río Orne. Fue una excursión relajante, disfrutando de un día soleado entre árboles, con la emoción añadida de dos saltos de agua y el paso bajo dos viaductos. Nos paramos a desayunar junto a la orilla y aprovechamos para darnos un chapuzón. Tuvimos la suerte de no cruzarnos con demasiada gente, así que disfrutamos la excursión con muchos relax. Una experiencia super recomendable, en un entorno casi salvaje, donde la naturaleza cobra todo el protagonismo.

Nos faltó tiempo para hacer senderismo por la “Forêt de Grimbosq”, subir al Mirados de “Pain de sucre” y recorrer “La Roche d’Oêtre” y “Les Gorgues de la Rouvre”. Una buena excusa para volver.

Cerza – Parque zoológico

Cerza no es un zoo común. Ubicado en plena naturaleza, los animales disfrutan en semi-libertad de amplios espacios abiertos que abarcan 80 hectáreas. Dos circuitos, el amarillo y el rojo, para descubrir 1500 animales salvajes, conocer su alimentación, sus costumbres y sus orígenes. Además hay un tren que recorre el parque durante 25 minutos, que nosotros cogimos a última hora, después de haber pasado un día emocionante en este “safari”. Empezamos nuestro recorrido dando de comer a las jirafas, una experiencia divertida a la par que inolvidable, cuando se te acercaban moviendo sus largas pestañas y se comían la hierba que llevábamos en las manos. Empezamos la visita con este plato fuerte, pero nada nos decepcionó.

Un tigre de sumatra, panteras, el león y la leona corriendo a cazar la carne que le lanzaban… Rinocerontes, el caimán, antílopes, hipopótamos, lémures, los simpáticos guacamayos, el tapir terrestre y el malayo, las preciosas tortugas que tanto me gustan, el oso hormiguero gigante, los osos pardos correteando sin dejar de observarte y el osos polar degustando la sandía.

Muchas aves, algunas desconocidas para nosotros, y con nombres divertidos como la cariana huppé, la cucaburra, el cálao trompetero, la grúa señorita, el tarro blanco…

Y nuestros amigos los primates: los macacos, el tamarino, el gibón, el mono roloway y el tití emperador, con su bigote fumanchú…

No voy a mencionar a todos los animales, pero pasamos un día fantástico, sin perder la sonrisa, aprendido “zoología”, haciendo mil fotos y dando de comer a las cabritas antes de irnos.

Comentar que se puede dormir dentro del zoo, en cabañas repartidas dentro de un entorno natural privilegiado: Cerza Safari Lodge.

https://www.cerza.com/

https://cerzasafarilodge.com/

Normandía me ha sorprendido gratamente. Una tierra donde la calidad de vida se respira en cada rincón, con localidades que invitan a disfrutar sin prisas. La naturaleza cobra vida, con paisajes que inspiran y seducen.

Un escenario perfecto para quienes aman las actividades al aire libre, donde cada camino y cada horizonte se convierte en una invitación para descubrirlo.

Sus quesos, sus vinos, el pescado y marisco del Atlántico Norte…

No te lo puedes perder!!

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